Francisco Luengo. Músico & luthier

Malandança

      Surge Malandanza de los confines de la Tierra, donde termina el Camino de Santiago. Y surge como un eco de lo que tanto nos ha llegado, de la música, la palabra, la carne y la piedra.

        Los componentes de Malandança entendemos la música medieval como un territorio en el que la interpretación y la investigación son asuntos interdependientes. Nada valen la una sin la otra.

        En las últimas décadas el interés por la música antigua nos permitió la recuperación de estilos musicales que se creían perdidos. Gracias a las aportaciones de múltiples intérpretes, musicólogos e historiadores a lo largo de estos años, se logró salvar en parte la ruptura en la tradición interpretativa de otros estilos, como la música barroca.

        En este proceso de recuperación de un estilo (en realidad de muchos estilos) intervienen diferentes factores: las partituras originales, con toda la información directa del compositor, en primer lugar; información escrita, tratados, comentarios, cartas con referencias a veladas musicales y todo aquello que nos diga algo de las maneras de hacer la música, y del contexto en el que se hacía. Y, naturalmente, los instrumentos, que con sus virtudes y sus defectos, son grandes maestros del intérprete.

        En el caso de la música medieval la ruptura de la tradición es grande. Ochocientos años nos separan de la “orquesta” del Pórtico de la Gloria; en este tiempo sucedieron tantas cosas, tantos acontecimientos artísticos y guerreros, tanta luz y tanto fuego, que a los humanos del siglo XXI nos cuesta caro imaginar lo que escuchó Afonso X en una sala de su palacio, un día de fiesta, o en su tienda, tras una batalla, o bien el consuelo que le producía la música de los juglares mientras yacía enfermo en su cama, abrazado al libro de Los Milagros de Santa María.

        A partir de las investigaciones realizadas por el que abajo firma, solo y en compañía  de otros, sobre los instrumentos medievales representados en el Pórtico de la Gloria de la catedral Compostelana, y en el Palacio de Xelmírez, se nos abrió un mundo, no ya de instrumentos sonoros, sino de ideas, imagenes y voces de la que creiamos tan lejana Edad Media. Ante aquel esplendor místico y arquitectónico no cabía sino recobrar el otro esplendor, el invisible: la música.

        Contando ya con el sonido de los instrumentos, nos quedaba averiguar el modo de abordar su interpretación, sus recursos, y aprender a explorar su capacidad de virtuosismo.  Dentro del mundo de la música trovadoresca, las Cantigas de Santa María de Afonso X resultaron ser las obras adecuadas por estar escritas en galego-portugués y ser fruto de una determinada cultura: la Edad Media en el noroeste de la península ibérica. Allí iban a parar, gracias al largo camino jacobeo, las tradiciones trovadorescas de todo el mundo cristiano, e incluso el eco del cercano Islam.

        También queremos que las voces en MALANDANÇA estén acordes con el sonido de sus instrumentos, para lo que recurrimos  a las tradiciones vocales de los pueblos del noroeste peninsular.

        Así, juntamos la música de los trovadores, que imaginando el Paraíso inventaron el amor, y la palabra, que crea el mundo, y la imagen, que todo nos enseña. En esta labor Malandança realizó conciertos por distintos festivales y auditorios donde se interpreta música antigua: Auditorio de Galicia, Festival de Música Antigua de Sajazarra, Festival internacional en el Camino de Santiago, Festival de Música Antigua de La Laguna entre otros.

       Con el programa “Una noche en la corte del Rey Alfonso” publicó la grabación del mismo nombre (ed. Clave Records) dedicada a las Cantigas de Santa María del rey Alfonso X "el Sabio".

La Cantiga que Nunca Fue


        Esta es la cantiga que nunca fue, la que, envuelta en un continuo hacerse y deshacerse, no acierta a definirse.

        En el s. IX existió un ser llamado Vitalis, de geografía borrosa, dotado con el don de lo invisible. Vitalis. solitario y oscuro, dedicó su vida y muy probablemente su muerte a la ingente tarea de multiplicarse.

        Mimo de oficio, adoptaba un personaje diferente para cada ciudad que visitaba, vivía allí bajo esta apariencia y cuando por fin abandonaba el lugar, allí mismo lo enterraba.

        Muchos fueron los lugares que visitó Vitalis, muchos los personajes que enterró, tantos que, entre semejante confusión de realidades, no se sabe dónde se enterró a sí mismo.

        Algunos aseguran que Vitalis nunca interrumpió el concurso fortuito de sus multiplicaciones y, osados y suficientes, siguen su rastro a través de la Historia. Estos creen verlo en seres sibilantes, anónimos, de belleza difusa y ambigüedad metódica. Sirvan como ejemplo:


        a) En el biógrafo del trovador Bl…quien afirmaba que a una persona de mérito hay que medirla por su capacidad para el canto y la alegría y que la música se hizo para lo inexpresable.

        b) En la figura de un trovador apenas esbozada quien sobre su caballo, mientras dormía, componía una poesía sobre absolutamente nada.

        c) En aquella judía conversa, hija del pregonero de Valladolid, acusada de brujería por recitar sin titubeos 200 novelas de caballería.

        d) En cierto mestizo de alma sarracena y antepasados sajones que dijo:

"cada vez que interpretamos una melodía es como si interpretásemos todo el tiempo que ha transcurrido desde el día que fue" y "la música, como la palabra, si no se repitiese desaparecería."

        e)En una monja analfabeta del monasterio de Rupersberg, famosa por la audacia con que interpretaba los puntos suspensivos…


        Durante más de trescientos años, el perfil de Vitalis, escaso, ausente para lo eterno, pero de finitud incompleta, se pierde en un silencio profundo y del todo ilegible. Hasta que, en el año 2.000, inmenso en una decrepitud de siglos, aparece de nuevo en Compostela, multiplicado por siete bajo el nombre de Malandança, cantando al milagro, esto es, al misterio.




Charo Pita